Hay quien me ha pedido que hable de personas que no se encuentran entre nosotros, y es difícil hacerlo, porque lo único que puedo hacer es dar mi opinión. Y eso es lo que voy a hacer.
Veo que hay curiosidad con saber quién era Luis Jiménez. Era el dueño de todo, él y su familia. ¿Cómo lo consiguió? Es curioso, pero no fue precisamente comprando a buen precio, ni pagando jornales justos.
Impresionaba verlo a caballo por las calles de Antas, como “dueño y señor”. Nos miraba a todos desde arriba. Con él apenas se podía hablar, porque había quién ejercía de portavoz, de capataz, de frontera…
Se cuenta una anécdota de él y unos amigos en Almería, cuando llegaron a un bar y le dijeron que era la hora de cerrar; claro está, cómo no se les iba a servir a los “señores”, pues compraron el bar para beber cuanto quisieran. ¿verdad? ¿mentira? Cada uno que interprete desde lo que le han contado o dicho sobre él.
A mi hijo le prohibí que fuera a coger almendra en verano, bastante hubo con que me pagara a mí un jornal de hambre para que también otra generación de mi familia estuviera debajo de él.
Recuerdo muchas lágrimas regando, haciendo caballones, cortando naranja…. ¿Agradecimiento? Ninguno. Yo trabajé y él me mal pagó.
Ahora lo que más me gusta es que todos somos “don”, aunque no tengamos ni bachiller superior ni dinero, pero tenemos dignidad, y eso es lo que nos hace grandes.
Veo que hay curiosidad con saber quién era Luis Jiménez. Era el dueño de todo, él y su familia. ¿Cómo lo consiguió? Es curioso, pero no fue precisamente comprando a buen precio, ni pagando jornales justos.
Impresionaba verlo a caballo por las calles de Antas, como “dueño y señor”. Nos miraba a todos desde arriba. Con él apenas se podía hablar, porque había quién ejercía de portavoz, de capataz, de frontera…
Se cuenta una anécdota de él y unos amigos en Almería, cuando llegaron a un bar y le dijeron que era la hora de cerrar; claro está, cómo no se les iba a servir a los “señores”, pues compraron el bar para beber cuanto quisieran. ¿verdad? ¿mentira? Cada uno que interprete desde lo que le han contado o dicho sobre él.
A mi hijo le prohibí que fuera a coger almendra en verano, bastante hubo con que me pagara a mí un jornal de hambre para que también otra generación de mi familia estuviera debajo de él.
Recuerdo muchas lágrimas regando, haciendo caballones, cortando naranja…. ¿Agradecimiento? Ninguno. Yo trabajé y él me mal pagó.
Ahora lo que más me gusta es que todos somos “don”, aunque no tengamos ni bachiller superior ni dinero, pero tenemos dignidad, y eso es lo que nos hace grandes.




