Este fin de semana ha sido el
carnaval en Antas. A mí me gusta más llamarle “las máscaras”; si, como toda la
vida.
Hace un tiempo nos vestíamos de “máscaras”
y salíamos por las calles a divertirnos, cada uno por su lado. Era bonito.
Quiero hablar de dos personas que pienso eran características en Antas estos
días.
Isabel “la del tío Pedro
cuesta”: Era una mujer graciosa,
divertida, con alegría. Esperaba estos días desde el inicio del año, ocultando
a todos de qué se vestiría y quién le acompañaba en su particular chirigota.
Recuerdo el año que le quitó a su hijo el traje de alcalde y se vistió con sus
escoltas y acompañamientos. Todo el pueblo en la calle y ella disfrutando. Sólo
había una cosa que no le gustaba, y era que su “Frasquito” se enfadara.
Transmitía alegría y desenfado. Una mujer casi con ochenta años vestida de bebé
en un carro, riendo con todos, saludando…. La “Tía Isabel” es un hito en los
carnavales de Antas. Por muchos desfiles
que hagan ahora, la naturalidad de esta mujer está por encima de todo.
Antonio “el talabartero”: Disfrutaba como nadie estos días. Se las
ingeniaba para liar a todos y que le acompañaran en su particular desfile.
Recuerdo un día que llegaba de trabajar y me encontré con un tractor (creo que
era del Palaño), con un montón de señoritas con bigote y al pobre de “Juan
Dindo” vestido de gitana. Era espectacular ver a este grupo riendo, viviendo…. Para
terminar con el entierro de la sardina. Un año emborracharon al hijo de “la
Garría”, uno que venía de Valencia, y lo metieron en la caja. ¡Qué bueno
aquello! El pueblo entero en el acompañamiento, y Antonio de viuda.
Ninguno de los dos están entre
nosotros. Desde aquí mi reconocimiento, admiración y gratitud.






