sábado, 10 de enero de 2009

No fui a la escuela

He estado varios días sin escribir. La verdad es que yo si escribo, pero si no viene mi nieta, no me lo corrigen ni lo suben. Son las limitaciones de la ignorancia.

Nunca fui a la escuela. Éramos muchos de familia y todas las manos eran pocas para trabajar y llevar un poco de dinero en casa. Ya se sabe, después de la guerra hay que reconstruir lo poco que había.

No voy a hablar de la guerra, porque bastante daño hizo en su momento. Se mataron entre hermanos, unos contra otros. Varios familiares míos desaparecieron, otros en la cárcel; en fin, mejor dejarlo. No me da miedo recordar, ¡bien lo sabe Dios!, sino tengo pánico que surja de nuevo el odio y la violencia. Y eso no lo veo tan lejano.

No entiendo porqué se empeñan en sacar rencillas pasadas, odios superados. Este presidente del Gobierno podía hacer otra cosa. Cuando le oigo hablar de “memoria histórica” me hace gracia. Si tiene cuarenta y siete años, si es de la edad de mi hijo, si no tiene ni idea de nada. ¿Y lo del abuelo? Gracioso. Todos tenemos dos, y él solo recuerda a uno ¿y el otro?

Seguramente el otro fue a la escuela y pudo darle a su hijo una educación y entre todos hicieron que su nieto fuera a la universidad y triunfara en el Partido. A mi no me dieron esa oportunidad, a mi me mandaron con el ganado, a cuidar cabras. Y ahora, los mismos de siempre, me van a dar lecciones de memoria cuando ellos la han perdido.

Hay una mujer, vecina mía, que cuando hablamos de esto dice que no lo tengo superado, y es verdad, no lo he superado. ¿Cómo voy a superar el que haya alguien que tuvo más oportunidades que yo y que me venga hablando de justicia y libertad desde un cochazo y una posición envidiable? Gano 463 € ¿y ellos?. Es fácil superarlo para quien o no tuvo personalidad, o la vendió, o se arrastró, y también para los que buscaron quien se arrastrara ante ellos, y ahí estuvo su fuerza.

No, no fui a la escuela, pero no vendí nunca mi libertad. A eso me enseñó mi padre cuando me dio el primer atajo de cabras. Quiero morir siendo libre.

Por cierto, me enseñó a leer D. Juan Gómez cuando me iba a casar. Tarde, pero acertado. En la mili me escribían cartas para mi novia, y me las leían; hoy gracias a Dios no. Espero que estos chavales de hoy sepan leer, comprender y gustar de lo que otros nos dicen en sus “cartas”.

Un abrazo.

2 comentarios:

Diego Zamora dijo...

Tomás, el cura, me ha hecho saber de su blog. Es un placer leerle. Y más todavía comprender la profundidad de sus sentmiento. Suscribo mucho de lo que dice. Todo. Lo de la memoria histórica estaría bien si no se les viera la intención. Me gustaría que limpiaran la memoria de mi abuelo encarcelado por soldado pero sin ensuciar la del otro, soldado también, e igual de inocente, aunque soldado de otro bando.

Anónimo dijo...

Estimado abuelo,
cuando el presidente habla de memoria histórica lo hace teniendo en el recuerdo a 95 % de todos los niños y hombres, que fueron humillados y obligados a trabajar por la comida,obligados al analfabetismo y a la emigración para subsistir.
Los muertos ya no tienen solución, aunque no está mal que se les recurde y se les honre, de todos los bandos sin excepción.Pero en todas las dictaduras se cometen tropelías y la nuestra fue de las peores.